Historia

Los azulejos históricos del centro: un museo al aire libre

13 de febrero de 2026
5 min de lectura
Los azulejos históricos del centro: un museo al aire libre

Los azulejos históricos del centro: un museo al aire libre

Hay quien recorre museos pagando entrada. En El Puerto de Santa María basta con levantar la vista mientras caminas por el centro histórico. Las fachadas, portales, patios y hornacinas de la ciudad vieja guardan una colección de azulejos que abarca siglos de historia, fe, comercio y puro orgullo local. No hace falta vitrina: el museo está en la calle.

Una tradición que viene de lejos

La cerámica vidriada llegó a la Península Ibérica de la mano de los árabes, que dominaron el arte del alicatado — esas composiciones geométricas de piezas cortadas a mano que todavía decoran algunos de los edificios más antiguos de Andalucía. Tras la Reconquista, la tradición no desapareció: se transformó. Los talleres de Triana, en Sevilla, y más tarde los de toda la Baja Andalucía, siguieron produciendo azulejos que pasaron de las mezquitas a las iglesias, de los palacios a las casas señoriales y, finalmente, a las fachadas de las bodegas y comercios.

El Puerto, por su condición de puerto fluvial y su riqueza comercial, fue una ciudad que se vistió bien. Y parte de ese vestido fueron los azulejos.

Las iglesias: cerámica para la fe

La Iglesia Mayor Prioral, el templo más importante de la ciudad, conserva elementos cerámicos que reflejan la evolución del gusto decorativo a lo largo de los siglos. En las capillas laterales y en algunos rincones del templo aparecen revestimientos de azulejería que van desde motivos geométricos de tradición mudéjar hasta composiciones barrocas más recargadas.

Pero no es el único templo. Varias de las iglesias y capillas del centro — como la Iglesia de San Francisco o la Ermita de Santa Clara — conservan en sus interiores zócalos de azulejos que los fieles llevan siglos rozando con las manos al santiguarse. Es cerámica que no se mira: se vive.

Las casas señoriales: el azulejo como tarjeta de visita

Cuando las grandes familias bodegueras y comerciantes del siglo XVIII y XIX levantaban o reformaban sus casas en el centro de El Puerto, el azulejo era un elemento de distinción. Los zaguanes — esos portales frescos que separan la calle del patio interior — se decoraban con zócalos de cerámica que anunciaban, sin palabras, la posición de quien vivía dentro.

La Casa de las Cadenas, una de las casas-palacio más conocidas de la ciudad, es un buen ejemplo de cómo la arquitectura civil portuense integraba la cerámica como parte de su identidad. Pasear por las calles aledañas a la Plaza de España y la zona del casco antiguo es encontrarse, portal tras portal, con restos de esa costumbre decorativa que convertía cada entrada en una pequeña obra de arte.

Las bodegas: azulejos que huelen a vino

Si hay un azulejo que define a El Puerto, es el de las bodegas. Durante los siglos XIX y XX, las grandes casas bodegueras — Osborne, Terry, Caballero, entre otras — utilizaron la cerámica no solo como decoración sino como señalética. Los rótulos de azulejos en las fachadas de los edificios bodegueros, con tipografías elegantes y escudos de marca, son una parte inseparable del paisaje del centro histórico.

Algunos de estos paneles cerámicos han sobrevivido a cierres, reformas y cambios de uso. Están ahí, en paredes que ahora dan a locales comerciales o viviendas, como testigos mudos de una época en la que El Puerto olía a vino fino desde el amanecer.

El deterioro: un museo que se desmorona

No todo es postal bonita. Muchos azulejos históricos del centro se han perdido por reformas descuidadas, humedades, obras sin sensibilidad patrimonial o simple abandono. Cada fachada que se pica sin documentar lo que había debajo es una página arrancada de la historia de la ciudad.

Las asociaciones patrimonialistas de El Puerto llevan años alertando sobre la necesidad de catalogar y proteger estos elementos antes de que desaparezcan. Algunos ayuntamientos andaluces han desarrollado inventarios de cerámica urbana; en El Puerto, el trabajo queda en gran parte por hacer.

Visita práctica

Zona recomendada: El triángulo formado por la Iglesia Mayor Prioral, la Plaza de España y el Castillo de San Marcos concentra la mayor densidad de azulejos históricos. Desde ahí, las calles que bajan hacia la Ribera del Río y la zona de bodegas completan el recorrido.

Duración: Un paseo atento por el centro prestando atención a fachadas, portales y hornacinas puede llevar entre una y dos horas.

Mejor momento: A primera hora de la mañana o al atardecer, cuando la luz rasante resalta los relieves y colores de la cerámica.

Coste: Gratuito. Es un museo sin paredes, sin horario y sin taquilla.

El dato curioso

En la tradición andaluza, los azulejos de las hornacinas callejeras — esas pequeñas capillas empotradas en las esquinas de los edificios con imágenes de vírgenes o santos — no eran solo decoración devota. Cumplían una función práctica: en una época sin alumbrado público, los vecinos encendían velas o candiles ante estas imágenes, y los azulejos protegían la pared del humo y el calor. Fe y funcionalidad, todo en un metro cuadrado de cerámica.

Así que la próxima vez que cruces el centro de El Puerto, baja el móvil y levanta la vista. Cada esquina guarda un fragmento de historia que nadie te va a cobrar por ver — pero que no estará ahí para siempre.


Don Rafael Mendoza

Don Rafael Mendoza

Historiador Local

Catedrático jubilado y autor de tres libros sobre la historia portuense, Don Rafael ha dedicado su vida a documentar el patrimonio de El Puerto. Desde los fenicios hasta las bodegas centenarias, no hay piedra de esta ciudad que no conozca su historia.