La Puntilla: el rincón secreto donde el Guadalete abraza el mar
Hay un punto exacto en El Puerto de Santa María donde el río deja de ser río y el mar todavía no es del todo mar. Un lugar donde las aguas dulces del Guadalete se mezclan con la sal de la Bahía de Cádiz creando un ecosistema único. Los locales lo llaman La Puntilla, y los que practican deportes acuáticos lo consideran uno de los secretos mejor guardados de toda la costa gaditana.
El cruce de aguas que lo cambia todo
La Puntilla ocupa ese triángulo mágico entre la desembocadura del Guadalete, las marismas y el inicio de la bahía. Esta confluencia crea condiciones que los deportistas acuáticos buscan durante años: aguas más tranquilas que el océano abierto pero con suficiente viento para navegar, corrientes predecibles que los palistas veteranos conocen de memoria, y un fondo que pasa de arenoso a fangoso según te adentras en el estuario.
Aquí no vienen los turistas de sombrilla y chiringuito. Aquí vienen los que madrugan con la tabla bajo el brazo, los que conocen las mareas mejor que el calendario y los que saben que cuando el levante aprieta en Tarifa, en La Puntilla todavía se puede remar.
Un paraíso para cada disciplina
Piragüismo y remo
El Club Náutico de El Puerto lleva décadas entrenando en estas aguas. Las mañanas tempranas son territorio de los remeros, cuando el río está como un espejo y solo se escucha el chapoteo rítmico de las palas. El tramo desde el puerto pesquero hasta La Puntilla es la ruta clásica: unos tres kilómetros de aguas protegidas perfectos para entrenar.
Los piragüistas tienen su propio circuito que bordea las marismas, donde además de remar pueden ver flamencos, espátulas y garzas que pescan en los caños.
Kitesurf y windsurf
Cuando sopla el poniente, La Puntilla se transforma. Las cometas de colores empiezan a poblar el cielo y la zona se convierte en un spot de kitesurf que nada tiene que envidiar a Valdevaqueros. La ventaja aquí es el espacio: hay metros de sobra para montar el equipo sin agobios y el agua poco profunda de la orilla es ideal para los que están aprendiendo.
Los windsurfistas veteranos prefieren la zona más cercana a la bocana del puerto, donde el viento entra más limpio y las rachas son más constantes.
Paddle surf y kayak
Para los que buscan algo más tranquilo, el paddle surf ha encontrado en La Puntilla su lugar. Las rutas más populares siguen el margen del río hacia las bodegas, remontando el Guadalete con la ciudad a un lado y las marismas al otro. Al atardecer, cuando la luz tiñe de naranja las salinas, es cuando más tablas se ven flotando.
Información práctica
- Ubicación: Final del Paseo de la Bajamar, donde termina el muelle pesquero y comienza la zona natural
- Acceso: En coche hasta el aparcamiento del muelle, luego a pie unos 400 metros. En bici por el carril que bordea el río
- Mejor momento: Mañanas tempranas para remo y paddle surf. Mediodía y tarde cuando hay viento para kite y windsurf
- Mareas: Consultar tablas. La bajamar deja zonas muy someras; la pleamar permite navegar más adentro
- Servicios: Ninguno en la zona. Llevar agua y lo necesario. Los chiringuitos más cercanos están en Fuentebravía
El tip del aficionado
Los locales lo tienen claro: si ves a los kitesurfistas recogiendo el equipo antes de tiempo, tú también deberías irte. Conocen el viento mejor que el parte meteorológico. Y un consejo que vale oro: la hora antes de la pleamar, cuando la corriente entrante frena el flujo del río, el agua se queda prácticamente quieta durante unos veinte minutos. Es el momento perfecto para paddle surf, especialmente si estás empezando.
La Puntilla no aparece en las guías turísticas ni tiene chiringuito con wifi. Es uno de esos lugares que se descubren preguntando en el club náutico o siguiendo a alguien que lleva la tabla de paddle en la baca del coche. Y precisamente por eso sigue siendo especial.
Javi Torres
Cronista DeportivoEx-jugador del Racing Portuense y ahora comentarista de radio local, Javi vive el deporte de El Puerto desde dentro. Del fútbol al kitesurf, pasando por el golf y los deportes ecuestres, no hay disciplina que se le escape.