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La Velada de los Ángeles: tradición y verbena en el corazón del verano

17 de febrero de 2026
6 min de lectura
La Velada de los Ángeles: tradición y verbena en el corazón del verano

La Velada de los Ángeles: tradición y verbena en el corazón del verano

Hay tradiciones que desaparecen y otras que simplemente se quedan dormidas esperando a que alguien las despierte. La Velada de los Ángeles lleva más de un siglo formando parte del alma de la Bahía de Cádiz — noches de agosto donde los farolillos de papel iluminan las plazas, el flamenco suena desde algún rincón y toda la ciudad sale a la calle a hacer lo que mejor sabe hacer: vivir despacio, con una copa en la mano y la conversación como único plan.

El Puerto de Santa María tiene primavera con su Feria del Vino Fino y tiene invierno con la Navidad. Pero el verano, ese verano largo y caliente que huele a salitre y a jazmín, le falta una noche mágica que sea de todos. Y la velada es exactamente eso.

Historia y origen

La Velada de los Ángeles no es un invento moderno ni una ocurrencia de marketing turístico. Nació en Cádiz en 1861, vinculada a las celebraciones del Corpus Christi, y en sus primeros años se conocía como La Feria del Perejil — nombre que le venía del Paseo del Perejil, la alameda gaditana donde se celebraba. Hacia 1870 adoptó el nombre de Velada de Nuestra Señora de los Ángeles, y fue evolucionando desde lo devocional hacia lo festivo hasta convertirse en la gran noche de verano de la bahía.

Lo que empezó como celebración religiosa acabó siendo otra cosa: una excusa para que la ciudad entera saliera a pasear bajo las estrellas de agosto, sin más programa que la brisa y la compañía. Las crónicas de principios del siglo XX hablan de alamedas iluminadas con farolillos, puestos de comida callejera y música que surgía de cualquier esquina — un formato que no ha necesitado reinventarse porque ya era perfecto.

La última velada antes de la interrupción se celebró en 1947. En agosto de ese mismo año, la explosión del polvorín de Cádiz sacudió la ciudad. Al año siguiente, la velada no volvió a celebrarse — las razones exactas nunca quedaron del todo claras — y así pasaron cuatro décadas. Hasta que en 1988, Cádiz tomó la decisión consciente de recuperarla. No fue nostalgia. Fue una declaración de intenciones: hay celebraciones que una ciudad necesita para seguir siendo ella misma.

Cómo se vive una velada

Imagina una noche de agosto. El sol se ha ido hace una hora pero el aire todavía está tibio. Bajas al centro y lo primero que ves son las luces: farolillos de papel colgados entre los árboles, guirnaldas que cruzan de fachada a fachada, esa iluminación suave que convierte cualquier plaza en un salón al aire libre.

Una velada no es una feria. No tiene casetas con portada ni paseo de caballos. Tampoco es un concierto al uso ni una verbena cualquiera. Es algo más sutil y más antiguo: la gente pasea, se encuentra, se sienta, come algo de un puesto callejero y vuelve a pasear. Alguien toca la guitarra bajo una farola — no en un escenario, bajo una farola — y la gente se para a escuchar. Los niños corren entre las mesas mientras los abuelos ocupan los bancos de siempre. Huele a churros y a pescaíto frito. Una pareja comparte una copa de fino apoyada en una baranda.

No hay programa. Hay ritmo. Y ese ritmo es el de agosto en el sur: lento, cálido, generoso.

La diferencia con la feria es la escala y la intimidad. Donde la feria es espectáculo, la velada es conversación. Donde la feria tiene horarios, la velada tiene la noche entera. Y la noche, en agosto, no tiene ninguna prisa por acabarse.

Por qué El Puerto tiene todo para hacerla suya

Lo que hace que esta tradición encaje en El Puerto como un guante no es solo la geografía — que también, porque pocas ciudades tienen plazas tan perfectas para una noche de verano como la Plaza de España o los rincones del casco antiguo — sino la personalidad.

El Puerto ya sabe hacer esto. Cada noche de verano, la Ribera del Río Guadalete se llena de gente que busca exactamente lo que una velada ofrece: brisa, conversación, algo de comer, algo de beber y la sensación de que la noche no tiene prisa. Lo que falta es darle forma, ponerle nombre, colgar los farolillos y dejar que la tradición haga el resto.

Una velada portuense integraría lo que hace única a esta ciudad: los vinos de las bodegas de la zona, el marisco que llega del puerto cada mañana, el flamenco que aquí no es atracción turística sino lengua materna. No se trataría de copiar lo que hace Cádiz, sino de adaptar una tradición compartida de la bahía al carácter propio de El Puerto — más íntimo, más marinero, más vinculado al río y al mar.

Guía práctica

  • Cuándo sería ideal: Primera quincena de agosto, cuando el calor empieza a ceder al atardecer y las familias aún no han vuelto a la rutina de septiembre

  • Dónde: Las plazas del centro histórico — Plaza de España como corazón principal, con extensiones naturales hacia el entorno de la Ribera del Río Guadalete

  • Formato: Noches de viernes y sábado durante dos o tres fines de semana, con música en directo, puestos de comida local y ambiente de paseo nocturno

  • Referencia: La Velada de los Ángeles nació en Cádiz en 1861 y se celebra en la primera quincena de agosto. Suspendida desde 1947, fue recuperada en 1988

  • Coste: Una velada es, por naturaleza, gratuita. El gasto es el de siempre: lo que quieras comer y beber en los puestos callejeros

El consejo local

Si alguna vez has caminado por el centro de El Puerto una noche de agosto y has pensado que solo faltaban unas luces colgadas entre los naranjos y alguien tocando por bulerías en una esquina para que aquello fuese perfecto — eso que imaginaste tiene nombre. Se llama velada. Y lleva más de cien años esperando a que El Puerto la haga suya.


Pablo Ruiz

Pablo Ruiz

Periodista de Eventos

Pablo no se pierde una Feria, un Carnaval ni un concierto en El Puerto. Periodista joven con el pulso de la calle, sabe dónde está la fiesta antes de que empiece y conoce todos los chiringuitos donde termina.