Las marismas portuenses a vista de pájaro: así las han dejado las lluvias de la borrasca Leonardo
La primera semana de febrero, el Guadalete bajó con más de mil metros cúbicos por segundo. Mil. Eso no es un río crecido — eso es un río que se ha olvidado de dónde termina.
Los vecinos de Doña Blanca fueron evacuados. Las carreteras cortadas. Los telediarios hablaban de daños, de emergencias, de caudales históricos. Y mientras todo el mundo miraba la ciudad, las marismas estaban haciendo lo que llevan haciendo miles de años: absorber el golpe.
Esto no es un artículo sobre lo bonitas que son las marismas del Puerto. Tenemos otros para eso. Esto es sobre lo que pasa cuando una borrasca con nombre propio descarga sobre un humedal que lleva preparándose para esto desde antes de que existiera la palabra humedal.
Lo que Leonardo le hizo al agua
La borrasca Leonardo golpeó la provincia de Cádiz entre el 3 y el 6 de febrero de 2026. En Grazalema cayeron casi 600 litros por metro cuadrado en un solo día. En toda Andalucía hubo unas 7.000 personas desalojadas. Veinticinco carreteras cortadas solo en la provincia.
En El Puerto, el Guadalete se desbordó. El caudal se acercó a los 1.000 m³/s según los datos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir — una cifra extraordinaria para un río que en condiciones normales de febrero baja tranquilo, sin prisa. Eso fue Leonardo.
Las marismas del estuario del Guadalete — esas extensiones de agua salada y dulce que se mezclan entre El Puerto y Puerto Real — recibieron esa carga de agua de golpe. No hubo aviso gradual. Fue una inundación masiva que alteró salinidad, niveles de agua, sedimentos, y la vida de todo lo que depende de ese equilibrio.
Un humedal que no necesita que lo rescaten
Y aquí es donde la historia se pone interesante.
Las marismas saladas no son frágiles. Son exactamente lo contrario. Son ecosistemas diseñados — por miles de años de evolución, no por ningún ingeniero — para absorber eventos como este. Las raíces de la vegetación halófita (esas plantas grises y resistentes que crecen donde nada más crece) sujetan el sedimento. Los canales de marea redistribuyen el exceso de agua. La salinidad se recalibra sola cuando baja la crecida y sube la marea.
No es que las marismas sobrevivan a la tormenta. Es que la tormenta forma parte de su ciclo. Necesitan agua dulce periódicamente para diluir la sal acumulada, para arrastrar nutrientes nuevos, para remover el fondo. Una borrasca como Leonardo es, para una marisma salada, algo parecido a lo que un invierno húmedo es para un bosque: duro pero necesario.
Eso no significa que no haya consecuencias. Los niveles de salinidad tardan semanas en estabilizarse. La vegetación sumergida durante demasiado tiempo puede morir. Las aves que estaban establecidas en zonas que ahora están inundadas buscan alternativas. Pero el sistema — el sistema entero — está diseñado para esto.
Lo que puedes ver ahora mismo
Si vas a las marismas esta semana, en febrero de 2026, vas a ver algo que no verás en ningún otro momento del año.
Vas a ver agua donde normalmente hay fango seco. Extensiones que en verano son costra blanca de sal ahora están cubiertas por una lámina de agua que refleja el cielo. Los límites entre canal y marisma han desaparecido — todo es agua, y en esa agua hay vida buscando su sitio.
Los flamencos — que nunca se van del todo de la Bahía de Cádiz — estarán redistribuidos. No en los puntos habituales que conocen los observadores veteranos, sino dispersos, buscando las zonas donde la profundidad del agua les permite filtrar. Cuando los niveles bajan, los flamencos se concentran. Cuando suben, se dispersan. Es un mapa que cambia cada semana.
Y ahora viene lo bueno: estamos en el arranque de la migración primaveral. Entre finales de febrero y abril, las aves que pasaron el invierno en el África subsahariana empiezan a subir por la Ruta Atlántica. La Bahía de Cádiz es parada obligatoria — está entre Doñana y el Estrecho de Gibraltar, justo en el embudo migratorio. Avocetas, cigüeñuelas, correlimos, espátulas. Van llegando.
Y van a llegar a unas marismas con más agua de la habitual. Más alimento disponible. Más superficie inundada. Para muchas especies limícolas, durante las primeras semanas de recuperación — cuando el agua empieza a bajar y deja expuestas capas de sedimento fresco llenas de invertebrados — una marisma post-borrasca ofrece más alimento que una marisma en condiciones normales.
Por qué esto importa más de lo que parece
El Parque Natural de la Bahía de Cádiz está inscrito en la lista Ramsar de Humedales de Importancia Internacional desde 2002. Los censos de la Junta de Andalucía documentan regularmente más de 60.000 aves acuáticas invernantes de más de 60 especies en este humedal. Después de Doñana, es el humedal más importante de Andalucía para las aves acuáticas.
Eso no lo decimos nosotros — lo dicen los censos oficiales.
Y sin embargo, la mayoría de los portuenses cruzan la carretera del Portal, miran de reojo las marismas y siguen conduciendo. Lo entienden como paisaje. No como lo que es: un sistema vivo que está haciendo algo extraordinario cada día, y que después de Leonardo está haciéndolo con más intensidad que nunca.
Las marismas no necesitan publicidad. Pero sí necesitan que la gente sepa lo que son. Porque un humedal que la gente conoce es un humedal que la gente defiende. Y uno que nadie ve es uno que acaba bajo un aparcamiento.
Dónde ir a verlo
No te voy a mandar a ningún sitio inventado. Te doy lo que funciona:
Centro de Visitantes de Los Toruños La entrada más accesible. Desde aquí puedes llegar a los observatorios del Río San Pedro, que están sobre pasarelas y te ponen a metros de las aves sin molestarlas. Después de Leonardo, los niveles del río están altos — eso significa que las aves están más cerca de las pasarelas, no más lejos.
- Teléfono: 956 203 187
- Horario: consulta antes de ir, puede variar por condiciones post-tormenta
- Acceso: Carretera del Portal, dirección Puerto Real
- Nota: las salinas tradicionales de la zona también recibieron el impacto de la crecida; si te interesa esa interacción entre producción salinera y marisma natural, pregunta en el Centro de Visitantes — ellos conocen qué zonas son accesibles en cada momento
La Pintura — Carretera del Portal, dirección Puerto Real El punto clásico de observación de aves en las marismas portuenses. Desde el centro, toma Calle Larga hacia el norte (sale como Av. Tomás de Aquino) y sigue hasta la Carretera del Portal. Vista amplia, sin obstáculos, sobre la extensión completa de la marisma. Aparcamiento directo en la carretera. Si los niveles siguen altos post-Leonardo, verás la lámina de agua inundando zonas que normalmente son fango seco — es cuando este mirador da lo mejor de sí.
Y el viento, quillo
No puedo hablar de estar al aire libre en El Puerto sin hablar del viento. Es la ley.
- Con poniente: días suaves, brisa del mar, temperatura agradable. Las aves están activas, el agua está calmada, los reflejos en la marisma son espectaculares. Es cuando quieres ir con cámara.
- Con levante: calor seco, visibilidad cristalina pero viento fuerte. Las aves se refugian en zonas protegidas — más difícil verlas en abierto, pero si encuentras un rincón al abrigo, la luz es brutal. Buenos días para prismáticos desde los observatorios.
- En calma: los mejores días del año para las marismas. Sin viento, el agua se convierte en espejo. Los flamencos se reflejan perfectos. Estas mañanas son raras en El Puerto — si pillas una, no la desperdicies.
La hora: madruga. Antes de las ocho. Las aves están activas al amanecer, la luz es suave, y no hay nadie. A las diez de la mañana el sol pega vertical sobre el agua y los pájaros se retiran.
Qué llevar
- Agua. Un litro mínimo. No hay nada ahí fuera
- Prismáticos si tienes (8x42 es más que suficiente). Si no tienes, pregunta en el Centro de Visitantes de Los Toruños — pueden orientarte
- Protección solar, incluso en febrero. La reflexión del agua engaña
- Calzado que no te importe manchar. Después de Leonardo, el barro es generoso
- Paciencia. Las aves no funcionan con tu horario
Información práctica
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Parque Natural | Bahía de Cádiz (inscrito en lista Ramsar desde 2002) |
| Acceso principal | Centro de Visitantes Los Toruños, Carretera del Portal |
| Teléfono | 956 203 187 |
| Oficina de Turismo | 956 540 715 |
| Mejor época post-borrasca | Finales de febrero a abril (migración primaveral + niveles altos) |
| Mejor hora | Amanecer hasta las 9:00 |
| Precio | Gratuito |
| Condiciones actuales (feb 2026) | Niveles de agua altos post-Leonardo; zonas bajas de la marisma aún inundadas; barro abundante en senderos; flamencos dispersos (no en puntos habituales); pasarelas del Río San Pedro operativas pero con agua alta — llama al Centro de Visitantes (956 203 187) antes de ir para confirmar accesos |
El tip del insider
No vayas a las marismas buscando flamencos. Ve buscando silencio.
Imagínate: llegas al observatorio del Río San Pedro a las siete de la mañana de un día sin viento, te quedas quieto, y dejas que el sitio te llegue — primero oyes el agua. Luego los pájaros, a lo lejos. Luego uno que pasa cerca. Y entonces, si tienes suerte, levantas los prismáticos y ves un grupo de avocetas alimentándose a treinta metros, con esa elegancia absurda que tienen, el pico curvado barriendo el agua de lado a lado.
Y piensas: hace dos semanas esto estaba bajo un metro de agua de crecida. Y estas aves ya están aquí. Ya están comiendo. Ya están haciendo lo que llevan haciendo millones de años.
Las marismas no necesitan que las salves. Necesitan que las veas. Que entiendas que esto que tienes a quince minutos del centro de El Puerto es el segundo humedal más importante de Andalucía para las aves acuáticas, solo después de Doñana. Que cuando miras esa agua marrón y esas plantas grises, estás mirando un sistema que acaba de absorber la peor borrasca en años y ya está funcionando.
Eso no es paisaje. Es ingeniería de la naturaleza. Y está aquí, a vista de pájaro, esperando a que te acerques.
Isabel Reyes
Exploradora LocalIsabel llegó a El Puerto hace veinte años y nunca dejó de descubrirlo. Conoce cada callejón con encanto, cada mirador secreto y cada rincón que los turistas no encuentran. Sus rutas son una invitación a ver la ciudad con ojos nuevos.