Rafael Alberti: El Puerto de Santa María y el poeta del mar
Hay ciudades que producen poetas. Y hay ciudades que son poetas — que dictan los versos antes de que nadie los escriba. El Puerto de Santa María es de las segundas. Basta pasear por el casco antiguo una tarde de poniente, cuando la brisa trae ese olor inconfundible a sal y a mosto, para entender que aquí la poesía no es un género literario. Es una condición atmosférica.
Rafael Alberti lo supo antes de saber escribir. Nació aquí el 16 de diciembre de 1902, en el seno de una familia vinícola, y durante quince años respiró lo que después convertiría en literatura: el estuario del Guadalete mezclando agua dulce con salada, los barcos mercantes cargando barricas de jerez, la luz de la bahía de Cádiz entrando por las ventanas del casco antiguo. Todo eso — el puerto, la sal, el vino, la luz — se le metió dentro como una marca de agua que ningún exilio podría borrar.
El mar que no se veía desde Madrid
En 1917, la familia se trasladó a Madrid. Alberti tenía catorce años. La ciudad le quitó el mar. Y el mar, al irse, se hizo más grande.
Siete años después, un joven de veintiuno publicó Marinero en tierra, un poemario breve de versos luminosos que le valió el Premio Nacional de Literatura en 1925. Antonio Machado formó parte del jurado que lo premió. El libro es, en esencia, una carta de amor a El Puerto escrita desde la meseta castellana:
Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar y dejadla en la ribera.
Esa ribera no es cualquier orilla. Es la del Guadalete. Es el paseo fluvial de El Puerto, el mismo que hoy recorren familias y parejas al atardecer sin saber que caminan sobre un verso.
Y luego está el poema que condensa toda la nostalgia en cuatro líneas:
El mar. La mar. El mar. ¡Sólo la mar! ¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad?
Un marinero en tierra. Un niño portuense atrapado en una ciudad sin costa. Toda la poesía de Alberti nace de esa fractura: el lugar al que perteneces y el lugar donde estás no son el mismo.
Treinta y ocho años lejos, una vida entera volviendo
La Guerra Civil convirtió la ausencia en exilio. En 1939, Alberti y su esposa, la escritora María Teresa León, cruzaron la frontera. Argentina primero, Roma después. Treinta y ocho años fuera de España, escribiendo sobre una bahía que no podía ver pero que no dejaba de sentir.
Cuando volvió en 1977, tras la muerte de Franco, tenía setenta y cuatro años. Fue elegido diputado por Cádiz, pero renunció a los tres meses. No había vuelto para hacer política. Había vuelto para pasear por la Ribera del Marisco, charlar con los pescadores, respirar el salitre. Había vuelto a ser portuense.
Los vecinos se acostumbraron a verlo por el casco antiguo, caminando despacio, como quien reconoce cada piedra. Vivió aquí hasta su muerte, el 28 de octubre de 1999, a los noventa y seis años. Sus cenizas fueron esparcidas sobre la bahía de Cádiz: el verso hecho realidad. Llevadla al nivel del mar.
Donde vive Alberti hoy
Alberti no es en El Puerto un nombre de calle — que también —, ni una placa conmemorativa. Es algo más parecido a una presencia. La Avenida Poeta Rafael Alberti atraviesa la ciudad. Su casa natal en la calle Santo Domingo alberga la Fundación que lleva su nombre. Pero más allá de los homenajes oficiales, Alberti vive en la relación que esta ciudad mantiene con su propio paisaje: en la costumbre de mirar al agua, en la certeza de que el mar define quiénes somos.
Visitar la Fundación es entrar en esa relación. No es un museo grande ni aparatoso — es una casa portuense convertida en archivo íntimo. Manuscritos, pinturas (Alberti fue pintor antes que poeta), libros, objetos personales. Dos mil metros cuadrados que cuentan una vida entera a través de lo que un hombre decidió guardar.
Información práctica
- Fundación Rafael Alberti: Calle Santo Domingo, 25 — a pocos minutos a pie de la Plaza de España, en pleno casco histórico
- Horario: Martes a viernes, 10:00–14:00 h. Sábados y domingos, 11:00–14:00 h. Lunes cerrado
- Entrada: 4 € general · 2 € estudiantes y jubilados · Gratuita para nacidos o residentes en El Puerto
- Web: rafaelalberti.com
- Consejo: Lleva un ejemplar de Marinero en tierra y léelo después en el paseo fluvial del Guadalete. El libro cambia cuando lo lees donde fue soñado.
El momento mágico
Hay un instante concreto. Estás en el paseo junto al Guadalete, de cara a la bahía, y cae la tarde. La luz se vuelve dorada. Cádiz aparece al fondo como una línea blanca sobre el agua. El viento trae sal. Y entonces lo entiendes: esto es lo que Alberti echó de menos durante treinta y ocho años. Esto es lo que dictó Marinero en tierra. Esto es lo que pidió que fuera su última morada.
No hace falta haber leído un solo verso suyo para sentirlo. Pero si los has leído, ese atardecer es otro.
Álvaro Pacheco
Cronista CulturalLicenciado en Historia del Arte y melómano empedernido, Álvaro escribe sobre todo lo que se mueve en la escena cultural portuense. Exposiciones, teatro, conciertos, literatura... si tiene que ver con cultura en El Puerto, Álvaro lo ha visto primero.